jueves, 31 de enero de 2008

Infinito de la comunicación / finitud del deseo

PROLOGO

Actualmente asistimos a un periodo histórico convulso, lleno de cambios y transformaciones que inciden especialmente en el mundo de la comunicación y la cultura. La relación que tenemos con los medios de comunicación se ha modificado de manera radical. Se ha redefinido un nuevo espacio, en el cual los actores implicados tienen unos papeles diferentes a los tradicionales. Se ha roto la hegemonía que representaba la clásica dicotomía productor/consumidor y nos encontramos con un nuevo panorama fragmentado y a la vez dominado por la convergencia tecnológica. Lo que está suponiendo una completa metamorfosis del espacio mediático.
Con la penetración cada vez mayor de Internet y las nuevas tecnologías, en un publico cada vez más informado y con mayor nivel de conocimiento de las estrategias y los mensajes de la publicidad, se hace necesario desarrollar nuevas estrategias, nuevos códigos y modos de construir mensajes de contenido publicitario que sean capaces de salvar el rechazo y agotamiento de los contenidos y las formas de la publicidad convencional. Fundamentalmente y ello fundamentalmente en lo que respecta a los públicos más jóvenes y con un elevado nivel de formación, información y uso de estas nuevas tecnologías, y todo lo que ello conlleva.

En este camino, se hace evidente en los últimos años la incorporación por parte de las Agencias de publicidad de nuevas vías para llegar a sus públicos y la necesidad de incorporar estos nuevos lenguajes, como mecanismo para captar su atención.

Ante esta nueva situación, gran número de agencias y profesionales de la publicidad han empezado a salir a la calle, y están descubriendo que la calle, el mismo espacio en el que transita el ciudadano urbanita de a pie, el consumidor,… es un medio con un enorme potencial y gran cantidad de recursos para realizar todo tipo de acciones publicitarias y de marketing, impactantes y que generen nuevas dinámicas y nuevas posibilidades de interacción con el consumidor.
Por otra parte en los últimos años, el arte contemporáneo ha sufrido cambios espectaculares, que afectan decisivamente al propio concepto de arte.

La influencia de los nuevos medios, el vídeo, la fotografía y la informática, la aparición de nuevas técnicas expositivas y museísticas, junto con la creciente interferencia de unas prácticas artísticas con otras, han producido fenómenos de hibridación de géneros, e interferencia de procedimientos y de lenguajes, que nos obligan a redefinir este nuevo panorama resultante y sus dialécticas.


Pues bien, ante este contexto sobre la situación del arte, por una parte y sobre la transformación de los medios y modos, en lo que a la comunicación, el marketing y la publicidad se refiere, por otra; es donde se produce la conexión que planteo y que no es otra, que la asimilación por parte de la publicidad, de las estrategias y los códigos, de las prácticas artísticas de intervención urbana en el espacio público, dentro de un fenómeno de mayor amplitud donde la publicidad y el marketing, como explico más adelante se han convertido en generadores de productos culturales al servicio de las marcas.

"En este sentido, tanto el arte como la publicidad, participan de esta transmutación de la cultura, en ocio y espectáculo.
Unos al servicio del poder político, que los financia y otros al servicio del poder económico de las marcas anunciantes".


La intervención urbana en el espacio público, ha adquirido en los últimos años un protagonismo enorme., como práctica artística,… pero también cómo nuevo medio e instrumento comunicacional por parte de la publicidad.

“Las ciudades se ha convertido en el campo de batalla donde la publicidad y el arte urbano luchan por captar nuestra atención. Ambos tratan con todas sus fuerzas de conquistar el terreno del otro.

En esta batalla, el territorio urbano se ha transformado en un inmenso soporte publicitario, donde con imaginación y algo de dinero, se puede alcanzar gran notoriedad.

Durante mucho tiempo, el street art sobrevivía en el anonimato de lo que Marc Augé denominó no lugares. Espacios como las autopistas, los aeropuertos, las estaciones ferroviarias, los semáforos o el metro, eran el escenario de este arte anónimo y efímero, que con frecuencia pasaba tan desapercibido como las personas que habitan estos lugares. De eso no hace tanto.

Ya entonces, los espacios públicos estaban saturados de publicidad, pero ésta se encontraba acotada, regulada y tarifada. Ahora, las circunstancias han cambiado. La publicidad ha descendido de las vallas, los mupis y los luminosos, para instalarse a nuestro nivel, a pie de calle”.

Cada vez es más mayor, el interés de los artistas por desarrollar proyectos en esta línea, como lo demuestra, el hecho de la cada vez mayor cantidad de premios y convocatorias en este sentido, por parte de ayuntamientos, e instituciones de todo tipo.