A propósito de la retrospectiva de Tim Burton en el MoMA
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Es tan triste como lógico que el museo elija este momento concreto para realizar la retrospectiva, aprovechando la sincronización con el taquillazo de Alice In Wonderland.
Muchas de las “obras” que se exponen no son más que pertenencias de un personaje famoso. Otras muchas se parecen demasiado a objetos a la venta en cualquier tienda de cómics. Los productos de la corporativa Burton ya invaden suficiente espacio como para colmo, llenar los museos. Cuando las sinergias entre lobbys culturales-empresariales aumentan, caemos inevitablemente en la preocupante estandarización de los productos culturales.
Es sencillo encontrar público al que le apetezca montarse en una atracción, pero los museos no deberían convertirse en parques temáticos o al menos, si así deciden actuar, podrían intentar ofrecer un contenido más diferenciado. Una sociedad que consume los mismos productos en el cine, en la televisión, en las tiendas y ahora, hasta en los museos, vivirá felizmente alienada dejando poco espacio para la crítica, y haciendo desaparecer así las posibles alternativas para el cambio. Centralización, sincronización, uniformización...las paredes del museo son una esponja del clima que invade el exterior.
Entristece concluir que los museos de arte contemporáneo quieran nutrirse de los desperdicios de la cultura de masas, en vez de ofrecer alternativas que intenten sacarnos de este círculo vicioso, cada vez más grande y menos enriquecedor.
Extracto del artículo publicado por A*DESK
Ni que decir tiene que subscribo al 100x100 este artículo que considero pone el dedo en la llaga, de la cada vez más sangrante realidad artística y cultural.

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